sábado, 10 de diciembre de 2011

Educación y Democracia: la psicosociopedagogía de la liberación

Para Freire, como para tantos otros, la
educación debe ser un factor de liberación.
Pero para ello debe cumplir ciertos requisitos,
que no siempre cumple, mejor aún, que
pocas veces cumple. En este sentido, escri-
bía Freire (1971, p. 7): “Contrariamente a la

educación para la domesticación, la educación
para la liberación, que es utópica, profética
y optimista, es un acto de conocimiento
y un medio de acción que permite
transformar la realidad que debe ser conocida”.
Es más, el pedagogo brasileño perfiló
con claridad y concreción el significado
real de lo que debe ser una educación verdaderamente
democrática que pueda constituirse
en auténtico factor de liberación. Y
su concepción de este tipo de educación,
que es praxis, porque teoría y práctica deben
ir siempre de la mano, tuvo una enorme
repercusión práctica en los movimientos
en pro de una educación liberadora que
se instauraron a lo largo de los años sesenta,
casi siempre promovidos por los propios
gobernantes, en países latinoamericanos
como Brasil, Chile o Cuba. Pero
existían importantes antecedentes, que veremos
a continuación y que Freire casi
nunca tiene en cuenta ni siquiera cita.
Como escribe Spring (1987, p. 15), “la
reacción ante la aparición de la escolarización
masiva en los siglos XIX y XX ha sido
un hecho muy importante para las teorías
radicales de educación. Durante este período
ha habido una corriente constante hacia
la escolarización total y obligatoria de la población
en escuelas controladas y financiadas
por el Estado. El propósito de esta escolarización
ha sido el de preparar al ciudadano
y trabajador para el moderno estado industrial”,
lo que suscitó básicamente dos corrientes
en educación.

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