Formación para Adultos
Es preciso que la debilidad de los debiles se transforme en una fuerza capaz de instaurar la justicia, para ello es necesario un rechazo. definitivo del fatalismo.Somo seres de transformacion y no de adaptación.
domingo, 15 de enero de 2012
sábado, 17 de diciembre de 2011
Algunas frases célebres sobre la educación
1. Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos
escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas
que los alumnos no han hecho
2. Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque
implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la
que está el alfabetizado
3. Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos
4. Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo
5. Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando
6. Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad
7. Enseñar exige saber escuchar
8. Nadie es, si se prohíbe que otros sean
9. La Pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía
de los hombres en proceso de permanente liberación
10. No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y
reflexión
11. Decir la palabra verdadera es transformar al mundo
12. Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer
nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa
13. El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se
encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo
sufre los efectos de su propia transformación
14. El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la
cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir
ideas, sino de crearlas y recrearlas
15. Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el
acto de ser educados por los educandos
16. Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso,
aprendemos siempre
17. La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados
"ignorantes" son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho
de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una "cultura del silencio"
18. Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra
19. Defendemos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada
conjuntamente con el acceso al poder en el esfuerzo serio y profundo de
concientización
20. La ciencia y la tecnología, en la sociedad revolucionaria, deben estar alservicio de la liberación permanente de la HUMANIZACIÓN del hombre.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Educación y Democracia: la psicosociopedagogía de la liberación
Para Freire, como para tantos otros, la
educación debe ser un factor de liberación.
Pero para ello debe cumplir ciertos requisitos,
que no siempre cumple, mejor aún, que
pocas veces cumple. En este sentido, escri-
bía Freire (1971, p. 7): “Contrariamente a la
educación para la domesticación, la educación
para la liberación, que es utópica, profética
y optimista, es un acto de conocimiento
y un medio de acción que permite
transformar la realidad que debe ser conocida”.
Es más, el pedagogo brasileño perfiló
con claridad y concreción el significado
real de lo que debe ser una educación verdaderamente
democrática que pueda constituirse
en auténtico factor de liberación. Y
su concepción de este tipo de educación,
que es praxis, porque teoría y práctica deben
ir siempre de la mano, tuvo una enorme
repercusión práctica en los movimientos
en pro de una educación liberadora que
se instauraron a lo largo de los años sesenta,
casi siempre promovidos por los propios
gobernantes, en países latinoamericanos
como Brasil, Chile o Cuba. Pero
existían importantes antecedentes, que veremos
a continuación y que Freire casi
nunca tiene en cuenta ni siquiera cita.
Como escribe Spring (1987, p. 15), “la
reacción ante la aparición de la escolarización
masiva en los siglos XIX y XX ha sido
un hecho muy importante para las teorías
radicales de educación. Durante este período
ha habido una corriente constante hacia
la escolarización total y obligatoria de la población
en escuelas controladas y financiadas
por el Estado. El propósito de esta escolarización
ha sido el de preparar al ciudadano
y trabajador para el moderno estado industrial”,
lo que suscitó básicamente dos corrientes
en educación.
educación debe ser un factor de liberación.
Pero para ello debe cumplir ciertos requisitos,
que no siempre cumple, mejor aún, que
pocas veces cumple. En este sentido, escri-
bía Freire (1971, p. 7): “Contrariamente a la
educación para la domesticación, la educación
para la liberación, que es utópica, profética
y optimista, es un acto de conocimiento
y un medio de acción que permite
transformar la realidad que debe ser conocida”.
Es más, el pedagogo brasileño perfiló
con claridad y concreción el significado
real de lo que debe ser una educación verdaderamente
democrática que pueda constituirse
en auténtico factor de liberación. Y
su concepción de este tipo de educación,
que es praxis, porque teoría y práctica deben
ir siempre de la mano, tuvo una enorme
repercusión práctica en los movimientos
en pro de una educación liberadora que
se instauraron a lo largo de los años sesenta,
casi siempre promovidos por los propios
gobernantes, en países latinoamericanos
como Brasil, Chile o Cuba. Pero
existían importantes antecedentes, que veremos
a continuación y que Freire casi
nunca tiene en cuenta ni siquiera cita.
Como escribe Spring (1987, p. 15), “la
reacción ante la aparición de la escolarización
masiva en los siglos XIX y XX ha sido
un hecho muy importante para las teorías
radicales de educación. Durante este período
ha habido una corriente constante hacia
la escolarización total y obligatoria de la población
en escuelas controladas y financiadas
por el Estado. El propósito de esta escolarización
ha sido el de preparar al ciudadano
y trabajador para el moderno estado industrial”,
lo que suscitó básicamente dos corrientes
en educación.
Paulo Freire
Freire es uno de los padres de la pedagogía crítica. En una etapa científicamente positivista plantea que
la ciencia no puede ser neutra, ni el científico tampoco. En la sociedad del “fin de las ideologías”, del
individualismo, del vertiginoso aumento de la riqueza y de la pobreza, Freire habla hasta sus últimos
escritos de esperanza, liberación, utopía y amor y, sobre todo, de lucha y no resignación. Esto es lo
que caracteriza su vida y su pensamiento, que como él mismo reconoce ha ido evolucionando con el
paso de los años y las circunstancias históricas, pero sus ideas eje siguen siendo, para nosotros, de total
actualidad.
Palabras clave: educación liberadora, sociedad de la información, aprendizaje dialógico, Freire, educación
y sociedad.
la ciencia no puede ser neutra, ni el científico tampoco. En la sociedad del “fin de las ideologías”, del
individualismo, del vertiginoso aumento de la riqueza y de la pobreza, Freire habla hasta sus últimos
escritos de esperanza, liberación, utopía y amor y, sobre todo, de lucha y no resignación. Esto es lo
que caracteriza su vida y su pensamiento, que como él mismo reconoce ha ido evolucionando con el
paso de los años y las circunstancias históricas, pero sus ideas eje siguen siendo, para nosotros, de total
actualidad.
Palabras clave: educación liberadora, sociedad de la información, aprendizaje dialógico, Freire, educación
y sociedad.
Educación y participación comunitaria.
Si los seres humanos no hubiesen sido capaces, entre otras cosas, de inventar el lenguaje conceptual, de optar, de decidir, de romper, de proyectar, de rehacerse al rehacer el mundo, de soñar; si no se hubiesen vuelto capaces de valorar, de dedicarse hasta el sacrificio al sueño por el que luchan, de cantar y ensalzar el mundo, de admirar la belleza, no tendría por qué hablarse de la imposibilidad de la neutralidad de la educación. Pero no habría tampoco por qué hablar de educación. Hablamos de educación porque al practicarla, incluso podemos negarla.
El uso de la libertad nos lleva a la necesidad de optar y ésta a la imposibilidad de ser neutros.
Ahora bien, la imposibilidad total de ser neutros ante el mundo, ante el futuro –que no entiendo como un tiempo inexorable, un dato dado, sino como un tiempo para ser hecho a través de la transformación del presente en que se van encarnando los sueños– nos coloca necesariamente ante el derecho y el deber de ubicarnos como educadores. El deber de no callarnos. El derecho y el deber de vivir la práctica educativa en coherencia con nuestra opción política. De ahí que, si la nuestra es una opción progresista, sustantivamente democrática, debemos –respetando el derecho que tienen también los educandos de optar y de aprender a optar, para lo cual precisan de libertad– testimoniarles la libertad con que optamos (o los obstáculos que tenemos para hacerlo) y jamás imponerles nuestra elección, sea o no de forma subrepticia.
Si nuestra opción es democrática y si somos coherentes con ella, de tal manera que nuestra práctica no contradiga nuestro discurso, no nos es posible hacer una serie de cosas que no es raro encontrar realizadas por quien se proclama progresista.
El uso de la libertad nos lleva a la necesidad de optar y ésta a la imposibilidad de ser neutros.
Ahora bien, la imposibilidad total de ser neutros ante el mundo, ante el futuro –que no entiendo como un tiempo inexorable, un dato dado, sino como un tiempo para ser hecho a través de la transformación del presente en que se van encarnando los sueños– nos coloca necesariamente ante el derecho y el deber de ubicarnos como educadores. El deber de no callarnos. El derecho y el deber de vivir la práctica educativa en coherencia con nuestra opción política. De ahí que, si la nuestra es una opción progresista, sustantivamente democrática, debemos –respetando el derecho que tienen también los educandos de optar y de aprender a optar, para lo cual precisan de libertad– testimoniarles la libertad con que optamos (o los obstáculos que tenemos para hacerlo) y jamás imponerles nuestra elección, sea o no de forma subrepticia.
Si nuestra opción es democrática y si somos coherentes con ella, de tal manera que nuestra práctica no contradiga nuestro discurso, no nos es posible hacer una serie de cosas que no es raro encontrar realizadas por quien se proclama progresista.
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